Cuba no es el ejemplo de un país asfixiado por un supuesto «bloqueo» exterior, sino el de una dictadura que ha sobrevivido durante décadas gracias a una sucesión de rescates y subvenciones mientras destruía su propio tejido productivo y empobrecía a su población.
El castrismo habla de autosuficiencia revolucionaria y, a la vez, lloriquea pidiendo que Estados Unidos financie su experimento comunista. La dictadura dice ser independiente del capitalismo y del imperio y, sin embargo, culpa de su fracaso a que el imperio no financia su algarada comunista.
La realidad de Cuba es otra. Es un sistema de dependencia estructural de subsidios, condonaciones, petróleo gratuito y subordinación política de la Unión Soviética, primero, y de Venezuela, Rusia, China, la Unión Europea y España después.
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