La propaganda de Sánchez ha alcanzado niveles de paroxismo. Nos recuerda a cuando Maduro se vanagloriaba de que los salarios en Venezuela habían subido un 500 % cuando la inflación era del 1.500 %.

El balance del Gobierno de Sánchez lo juzga cada familia en el supermercado, en el acceso a una vivienda y en lo que le queda después de pagar impuestos, no en las presentaciones de PowerPoint de sus ministros.
La evidencia es demoledora. Entre enero de 2019 y junio de 2026, los salarios aumentaron un 25,9 %, pero la cesta de la compra se encareció un 42,3 %, según datos del INE. La inflación acumulada medida por el IPC subió un 27 %.
Pero el IPC no refleja la carestía de la vida, sino una cesta. Si la cesta de la compra sube un 42,3 % y el IPC un 27 %, es porque la cesta del IPC incluye muchas cosas que no utilizamos cada día, incluidos el turismo o la tecnología.
Eso no significa que el IPC esté mal calculado, sino que es una medida que no refleja perfectamente la carestía de la vida. Por eso, el INE ofrece otras mediciones y detalles. Esa distinción importa, porque las familias no comen una cesta promedio estadística.
Lo que compramos cada día ha subido mucho más y los impuestos se comen los salarios. La fotografía es aún peor: los salarios reales netos han caído un 3,4 %, incluso usando el IPC.
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